viernes, enero 07, 2005

Breviario

Durante una tarde lluviosa descubre que de su más lejana infancia sólo persiste el hábito de arrojar cosas hacia arriba y capturarlas. Extrañado, piensa que quizás sea un gesto que las mujeres conservan con más frecuencia.

Una utopía: llegar a la madurez literaria. Tocar el doble fondo de la ironía. Una ironía positiva para afinar sobre el cuello del lector la hoja del perdón.

Sin obviedad, la calidad de un diario, apócrifo o sincero, se echa a perder. La obviedad es su respiración. Si no, el tono confesional o el epigrama abúlico asfixian.

Los diarios se escriben sin que uno los escriba. Un día están ahí, como efectos de la nada, irresistibles efectos personales. Son instantes : en la ansiada precisión, el otro muere arrinconado entre palabras, y uno sobrevive.

De pronto, su propio padre lo sorprende: hereda de él algo insospechado. Algo que lo aleja bruscamente de la persona que siempre creyó haber sido.

Ella, cada vez más atractiva, sólo tiene la ilusión de que vive para la literatura. Pero no escribe. Teme salvarse. Es que si se salva, ¿podrá seguir siendo esa mujer?

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