jueves, junio 02, 2005
Cristino en cristales
miércoles, junio 01, 2005
Relación del efecto del peyote *
2horas 58. Un desfile con elefantes y un dromedario perlado (con máscaras), magnífico en sus proporciones (terrible realismo). Espío y abrazo órganos femeninos con los ojos.
3horas. Un individuo parecido a Micinski se dirige con apremio hacia la luna y sus aventuras después de lanzarse en paracaídas con la mente ofuscada. El balancín de los elfos. (Número cómico) Los genitales cornudos de la Reina de Saba en un museo astral.
3 horas 5. He dicho "basta de visiones" y he apagado la lámpara. Lo que ha seguido a sido una visión cadavérico erótica. (Número macabro). El deslizamiento de un cráneo (después de arrojarse) por un vientre; tan repugnante que sin tardanza he encendido la lámpara. Una lluvia erótica de flores con faldas (campanillas). Un sonriente barbudo (Valois) atenazado por unos enormes hocicos bovinos.
3 horas 10 . Un Hades de mi invención. Huesos de cadáveres en un desierto circular y fantasmas a lo Goya. Goya debía de conocer el peyote.
3 horas 30. Visiones torturantes. Una lucha entre centauros ha pasado a ser una lucha entre fantásticos genitales. Conversión, pero no a ninguna religión, sino a una conversión simplemente vital. Renuncia a los narcóticos. Espiritualización. Un cangrejo asesino sale reptando de la herida de un cráneo. La transformación de un gavilán en ave gallinácea.Los maravillosamente sabios ojos del gavilán, casi humanos, se han vuelto estúpidos,se han multiplicado y han echado a volar en cabezas de aves hacia un horizonte combo.
3 horas 45. Un faraón semejante a mí. Desfiles. Ceremonias totémicas (gavilano reptiloides) sobre escudos, luego han emprendido el vuelo en forma de espectros de animales. Reptiles en un mejunje sexual. Iguanas lamiéndose los órganos unas a otras.
3 horas 50. Serpientes en pozos en medio del desierto. (Número realista). Nuevamente la visión (repetición con variante) del cerebro loco, lleno de úlceras hasta la gangrenación (a propósito de dejar de beber); un rostro ornibatrácico picoteando el cerebro de un monstruo (y sujetándolo con sus garras) ha levantado hacia mí la cabeza y me ha mirado lúbricamente. Un abismo sexual con un hipopótamo peludo de color amarillo. Ojos.
S.I. Witkiewicz
* Fragmento de Narcóticos, Circe, Barcelona, 1994.
lunes, mayo 30, 2005
Patafísico en el Margot
domingo, mayo 29, 2005
Secador
Según ella sólo a un yanqui se le puede ocurrir tal cosa. Es que años atrás un hombre metió a su mascota en el hornito tras bañarla, y ésta estalló -literalmente- en interior del aparato...
jueves, mayo 26, 2005
La pérdida
Si bien Ibarra quiere consolar a los damnificados más jóvenes con el Fondo de Cultura BA, es lógico esperar indemnizaciones mayores, no de parte de dueños irresponsables por excelencia -no faltan los que ceban a la bestia y luego la abandonan cuando se van de vaciones a Mar del Plata (ver La experiencia de la vida de Leónidas Lamborghini)-, si no de parte de un gobierno inoperante que ha acercado al transeunte a la experiencia traumática del terror superificial y cotidiano. El daño es irreparable -Piglia dixit-. Ya no se puede caminar por Buenos Aires distraído, no se puede dormir en paz... Dentro del poco el perro del vecino se descolgará de una medianera, invadirá nuestro esparcimiento fornicatorio -descontamos que hacen lo propio con las mujeres de sus amos, si no ver el drama de Castellanos en Miles de años, de J.J. Becerra -, y nos desmnuzará como a muñecos de algodón para ocupar nuestro lugar en la escena.
¿Podrá Ibarra y su selección de inútiles reparar esta pérdida imperceptible de la libertad?
Una razón
El hombre tiene el cuerpo enrulado y negro como la tinta; se diría como un perro de lanas erecto sobre sus patas traseras, y su rostro, a pesar de ser humano, se parece a la cara de un perro. Los brazos son largos, casi de hombre, y no cortos como las patas del perro de lanas. No consigue mantenerse perfectamente derecho y esto vuelve su apariencia todavía más voluptuosa; el pene negro, si bien sobresale en medio de la ingle salvaje, no está todavía obscenamente erecto. La mujer, casi desnuda bajo el vestido de encaje rosa, no puede hacer otra cosa que acercarse con cierta admiración, tratando de formar con él una figura más bien viciosa. Bailan; la cabeza del perro de lanas sobrepasa su cabeza rubia, que la lenta melodía sincopada dobla como si fuera una lechuga marchita sobre el pecho ornado de manchitas de vello blanco.
Es una habitación sin pretensiones, moderna: un tocadiscos, un carrito con vasos de whisky, en el sillón una muñeca de trapo vestida de española, por la ventana se ve un paisaje de bajos rascacielos grises. Bailan: la mujer se ha levantado el vestido pero, como en las películas para familias solas, el pudor no le permite todavía quitarse el corpiño y la bombacha. Él está totalmente absorbido por el baile; la lengua le cuelga de la boca, pero en cuanto al resto es imposible atribuir la expresión definida a la cara de un perro.
J.R Wilcock
(de El estetoscopio de los solitarios, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1999, Trad.: Guillermo Piro)
miércoles, mayo 25, 2005
Una ama de casa
Plagio
Después de este comentario y este otro, tan superiores a este otro en el que predomina la profesionalidad de un crítico/censor desconcertado por un cine que rehuye a las clasificaciones, hoy habrá para conejillo y conejilla Ronda nocturna en el Gaumont.
lunes, mayo 23, 2005
Ladran, Sancho
No más perros en Buenos Aires es mi lema. El crecimiento demográfico de canes supera su tasa de mortalidad y la situación, señor Ibarra, es INSOSTENIBLE. La mañana barrial está atravesada por todo tipo de ruidos indeseados. A esta altura es necesario un chip para controlar el abuso de ladridos e imponer jugosas multas -yo sé que esto le interesa, Ibarra- a los amos que no controlen los alaridos de su bestia interior.
También es inminente imponer una onerosa licencia a los amos impulsivos. Citar e imponer multas a quienes no puedan justificar su deseo canino. Sólo las ancianas viudas tienen derecho a usufructuar el corazón desfigurado de esas bestias. El arrojo de los amos en Buenos Aires es gratuito e irresponsable. Los pobres animales olvidados por sus amos ladran desde sus terrazas carcelarias durante horas, a fin de comunicarse con el resto del género presidiario. Cada barrio tiene su presidio canino; a principios del siglo XXI esta es la esencia lúgubre de los barrios porteños de casas bajas, por si algún visitante extranjero quiere saberlo. El mero hecho de ladrar y no maullar vuelve odiosos e indiscretos a estos animales sin encanto, estos troncos de la naturaleza. He aquí la solución pasajera que puede proveernos la avanzada ciencia: que los perros maullen. O que por lo menos dejen de ladran. Quién los entiende...
viernes, mayo 20, 2005
Buenos Aires, Líbano
Trigo Burgol Grueso
Marca: Awada. Origen: Líbano.
Procedencia: Líbano.
Importador: Baraca S.A
La información sigue, como si el Burgol Grueso fuera la carne póstuma de un individuo.
Lo curioso es que la etiqueta, durante un instante ínfimo, me traslada a otro universo, sueño con el Líbano, y en otro instante ínfimo que se desprende del anterior, noto que el Líbano imaginado coincide con el que el poeta argentino Gianni Siccardi (1933-2004) expone en un poema que durante tiempo releí, consideré luego perdido, hasta que desembalando las cajas de la mudanza recuperé el libro que lo contiene. Acá este rara avis, este tesoro único pero transferible.
La bella del Líbano
Ella es más hermosa
que los recuerdos
que entornan deliciosamente los párpados
de las mujeres del Líbano
que el aire que azota levemente las palabras
de las mujeres del Líbano
que el desatino y la furia
que derrama por el día
la gracia de las mujeres del Líbano.
Ella es más hermosa
que el espectáculo de las calles
abarrotadas de espaldas
por la máquina de la oración en el Líbano
que los saltos aterciopelados de los gatos
en las noches lujosas del Líbano
que las rutas sacrílegas
que atraviesan los ojos
de los imposibles rufianes del Líbano
Ella es más hermosa
que la mirada solitaria
de los que dan de comer a los pájaros
en los parques del Líbano
que la unción de los vagabundos
encargados de escuchar la noche en el Líbano
que los pensamientos últimos de los suicidas
en los puentes que cabalgan
sobre el Litani en el Líbano.
Ella es más hermosa
que las miríadas de soles que se encienden
en las medallas cuidadosamente lustradas
en el pecho de los generales del Líbano
que el lento estiércol
de los sonoros caballos militares
en la insolación de los días de desfile del Líbano
que los límpidos bombardeos
y las turbias conferencias de paz en el Líbano
Ella es más hermosa
que la luminosa fantasía de los falsos adivinos
y los verdaderos profetas del Líbano
que la borra del café
que dibuja los caminos del futuro en el Líbano
que la ciencia del porvenir
que corre por los oscuros canales del tiempo
tan vertiginosamente en el Líbano.
Ella es más hermosa
que los lazos de sangre que unen
la humedad, la tortura y los sueños
en las corruptas, hediondas prisiones del Líbano
que el viento que bate
el árbol de los recuerdos indelebles
de los condenados a muerte del Líbano
que el llanto de Dios
que humedece los cabellos
de las víctimas inocentes del Líbano.
Ella es más hermosa
que la alegría eterna
y las penas violentas
de los jóvenes enamorados del Líbano
que la luz de plata y seda
que sube hacia el cielo
cuando el amante entierra el cuchillo
en el pecho del amante
en los pobres hoteles del Líbano
que la emoción desnuda de los encuentros furtivos
los besos en la garganta
las citas secretas
las cartas inesperadas
los viajes de regreso
que galvanizan los destinos
de los hombres y las mujeres del Líbano.
Gianni Siccardi,
Ella y otros poemas (1999, Ediciones Ultimo Reino).
lunes, mayo 16, 2005
Honor obliga
jueves, mayo 12, 2005
Onanismo profesional
martes, mayo 10, 2005
Ferreteando
Desde luego, para sostener mi deseo pequeño burgués y sentir esa insignificante plenitud que implica pedir tarugos de seis, tirafondo, removedor, viruta, lija de tela para metal, una mecha de cinco para pared, tornillos planos, tinta color cedro, tiner, me he armado un itinerario, y así como algunos escritores cambian de café según los días, yo cambio de ferretería. Tengo por lo menos seis ferreterías que pueden satisfacer mis demandas y mi curiosidad, y que roto según antojos? Los que atienden en general tardan en entrar en confianza, y a veces, tímidamente, cuando no entienden lo que pido, preguntan qué es lo que ?necesito hacer?. Naturalmente, tengo preferencias, y eso varia según la arquitectura del local (la de Independencia entre Boedo y Colombres es la ferretería soñada, amplia, con techos altos, remotísima luz de neón, mostrador rústico, y una indescriptible esencia de metales que parecen extraídos de la Historia) o las características de quién atiende: en una un joven muy pero muy calvo y amargo, ojeroso, casi no habla, como si el timbre de la voz también se le hubiera pelado; en otra, un poco abusivo en sus precios, un hombre de Teherán, que sonríe a lo persa y habla un perfecto castellano técnico y siempre intenta referirme algo de su vida, atiende en Boedo y Agrelo y es mi preferido, aunque a veces se le va la mano cuando, para compensar el beneficio transparente del diálogo, redondea las sumas para arriba y encima, como alguna vez le comenté que mi primera novela trascurre en Turquía y varios personajes son iraníes trastornados/exiliados tras la caída del Shah Pahlevi, me exige que le regale un ejemplar para él y otro para su mujer...
domingo, mayo 08, 2005
Dos
Pío pío
Imposible lograr una prosa tan afectada y solemne... Piglia ha devenido en un mal sosías de Borges, y en esta mañosa alegoría sobre "el lector" queda en evidencia su anacrónica servidumbre modernista. Si a mi me mostraran este texto sin firma, enseguida pensaría que fue escrito por un joven entusiasta que, eclipsado por la influencia de Borges, trata de escribir "bellamente", y copia los giros, el repertorio de imágenes prestigiosas y en definitiva el cosmos del primer escritor argentino del siglo XX.
jueves, mayo 05, 2005
El jugador oficial
miércoles, mayo 04, 2005
Condición
Lo que mora en el ojo, en el fondo, puede ser lo real si esa nada fragmentaria se dispone como una totalidad secuenciada: una totalidad extraida de la retina.
Ideal: que esa totalidad no se revele como una alucinación característica del uso del indirecto libre, sino como una condición de lo real. En definitiva, se trataría de aspirar a un objetivismo transformista en el que las cosas se animan o sexualizan, pero nunca invaden: suceden en la realidad, no en la percepción.