domingo, abril 21, 2013

Saer portátil


Entre jóvenes escritores, a principio del milenio, recuerdo que la figura de Saer poseía un magnetismo generado en parte por la distancia y en parte por la tenacidad de sus posiciones literarias y la autonomía de sus libros. Era un espectro venerado y a la vez una figura canonizada. Que hubiera cultivado como pocos un territorio propio lo volvía extremadamente argentino, pero también un modelo de escritor latinoamericano alternativo a los figurones del Boom. En torno de él circulaban anécdotas vinculadas con su vida bohemia en Santa Fe y los casinos. En el 2002 recuerdo que pude componer mi propia versión de esa figura. Saer accedió enseguida a que con unos amigos lo entrevistáramos en el bar de un hotel que quedaba frente a su casa, en la Gare Montparnasse. Contra lo que imaginamos, el encuentro se extendió varias horas.
Me quedé con la impresión de haber tratado a un escritor a salvo del cinismo, que miraba a sus interlocutores con una simpatía voraz, disfrutaba del diálogo y abordaba cuestiones literarias a partir de problemas de la filosofía. En principio, esto mismo me conmovió –y esta conmoción no está exenta de una pizca de melancolía ante su muerte, inesperada, en el 2005– a lo largo de Papeles de trabajo y II. En un pasaje se revela “más discípulo de Heidegger que de Robbe Grillet” y creo que en esto hay más una declaración de principios que un deseo delator. (sigue en Radar libros) 

Súbditos de la perdición *


El viaje de Kanchipuram a Pondicherry, pese a los escasos cincuenta kilómetros que separaban a ambas ciudades, podía durar medio día. En la estación improvisada junto a la recova de una edificación inglesa en ruinas, decenas de descastados envueltos en telas de colores intensos, observaron atónitos a un occidental cargando una mochila. Desde la puerta delantera de pequeños autobuses destartalados, los boleteros anunciaban las ciudades de destino. En el medio, motos, rickshaws y animales que compartían con los humanos el alivio de la sombra.
Me senté en el fondo del ómnibus que partía más temprano hacia Pondicherry. Afuera, tres perros rodeados de moscas se incorporaron para ladrarme. Una hora después el ómnibus estuvo repleto y arrancó. En el lapso de cinco horas, paró treinta cinco veces, junto a distintos asentamientos y pueblos que celebraban algo. Bajaron y subieron mujeres cargadas de verduras, gallinas y niños. Algunos hombres con sus lungis plegados escupieron por la ventanilla y gritaron aunque no parecían en realidad disgustados. Una tropa de brahmanes robustos que en la frente llevaba pintada la insignia de la deidad a la que cada uno adoraba, usufructuó despóticamente todos los asientos delanteros, a costa de mujeres y ancianos flaquísimos. Cada nuevo pasajero que quedaba cerca de la parte trasera me formulaba las mismas preguntas: nombre, nacionalidad, estado civil, profesión. Contestado esto, meneaban la cabeza de manera alegre y hacían comentarios en Tamil.
Recién al final del trayecto noté que otro extranjero había pasado por el mismo asedio. Era blanco como la leche, tenía los ojos desorbitados y sudaba. Bajó por la puerta delantera. Yo me abrí pasó hacia la puerta trasera. Un par de manos amistosas me eyectaron hacia la calle. Un niño montado en el techo del ómnibus arrojó mi mochila.
Gawain y yo nos miramos. Estábamos en medio de una calle donde se comerciaban especias y se ofrecían servicios de peluquería en carritos ambulantes. Me dijo que era galés y necesitaba tomar mucha agua. Era la tercera vez que viajaba a India, pero era la primera vez que cometía la locura de viajar en verano a una ciudad que no estaba comunicada por trenes. Antes de que pudiera presentarme, me propuso compartir alojamiento y aprovechar el único encanto de Pondicherry: había sido colonia francesa y era uno de los pocos lugares en los que se podía beber en la calle.
Nos instalamos en un hotel más o menos decadente y salimos. Anochecía. Familias sin casta se acomodaban al borde de la calle para dormir. Los mendigos seguían activos y fueron formando una corte a medida que avanzábamos por la calle principal. Gawain, indiferente, aseguraba que, como en todo puerto, las cantinas estaban cerca del mar y teníamos que apurarnos. El panorama calamitoso cambió después de diez cuadras: algunas residencias europeas con aire mediterráneo; luego una quietud de pueblo. Entramos en la primera cantina que se nos cruzó. En la India no hay hombres que beban por placer. Los bebedores son súbditos de la perdición y cargan con la costumbre de emborracharse como si fuera una herejía que sólo viciosos de la misma casta pueden presenciar. Los parroquianos nos observaron como a dos intrusos que llegaban para espiar la desgracia ajena. Al rato empezaron a irse aplastados por la tiranía del pudor. El mozo se durmió sobre el mostrador repleto de vasos. Gawain, mientras espantaba moscas sedientas, dijo  que quería ser escritor, pese a no haber nacido en Irlanda y no saber de memoria ni un párrafo del monólogo de Molly Bloom. Luego, apoyando el porrón helado contra su frente, murmuró “extrañaba la cerveza más que a mi mamá, aprovechemos que no hay nadie” y destapó otra. 

* Publicado en Apuntes en viaje, de Cultura Perfil. 

lunes, abril 15, 2013

Escenas frente al mar

Llegué a PN con Valentina y sus dos perritas. El lugar está escondido en la costa de Uruguay. No es que sea secreto. Tampoco un lugar olvidado. Es un hueco que quedó entre Piriápolis y Punta del Este y que creció de un modo atenuado, en sintonía con el paisaje. Se trata de una zona vacante que tiene una belleza puntuada, como casi todo en Uruguay –el hombre parece armonizado humildemente con la naturaleza-. Gonzalo, un amigo de la infancia de Valentina se instaló en PN –sigla de un lugar que debe mantenerse en clave a pedido de los lugareños, que prefieren preservar la zona de los embates de la civilización y del desarrollo urbano-. Compró un terreno y de a poco construyó casas de barro con un gusto refinado, con la intención de volverlo un pequeño hostal libertario. El grupo de tres casas con galería en torno a un centro tiene algo extraordinario. Ahí se apoya el sol al amanecer. Ahí da la luna cuando cae el día. La presencia de una cuarta casa cerrando el círculo, interrumpiría el curso de la luz. Aunque está a pocas cuadras del mar, el terreno de Gonzalo linda con el monte y el campo. Al menos sensorialmente, monte y campo se filtran en el aire y parecen confluir ahí. Más allá de las casas, en el monte, acampan cirqueros amigos de Gonzalo. Ensayan una varieté que estrenarán después de año nuevo, en la plaza de PN, que no es más que un terreno agreste, con algunos bancos. La ausencia de Iglesia es aliviante. No hay señales de Jesús. Tampoco hay arenero ni juegos. Da la impresión de que en cualquier lugar de PN podría construirse esa plaza. (sigue acá en la revista Traviesa

jueves, febrero 07, 2013

Pensamientos verticales

Leer a Morton Feldman resulta excepcional por muchas razones. Está claro que Morton Feldman piensa la música críticamente en relación a la historia y a las demás artes –especialmente las artes visuales– y ve en este ajuste de cuentas un punto de partida para replantear la composición por fuera de la técnica, en su dimensión visual y gráfica. Así, “desfijados” los elementos tradicionales, el sonido existe en sí mismo, como materia indeterminada, no como símbolo ni reminiscencia de otra música. Cada innovación en la historia en realidad fue, para Feldman, una afirmación en la tradición –la atonalidad no fue más que un proceso histórico de reorganización y repetición (Sigue en Inrockuptibles) . 

viernes, enero 11, 2013

Cuestión de sangre

Llega a la estación Pacífico. El resultado de la biopsia, ese veredicto que quizá dure en sus manos uno, dos o tres días, hasta transformarse en sentencia, le impide discernir qué está prohibido y qué no en esa ciudad sitiada por el sol. Cruza la avenida Santa Fe con semáforo en rojo. Los autos se detienen respetuosamente, en cámara lenta, como si cruzara un fantasma. Sauri, con la cabeza gacha, pisando cada franja blanca de la senda peatonal, se pregunta cuál será la velocidad de la muerte. Su padre espera en la mesa del bar del Hotel Pacífico, esquina Godoy Cruz y Santa Fe, donde cada día, desde hace cuatro meses, cuando se descubrió enfermo y decidió separarse y mudarse a Buenos Aires, lee los clasificados del diario en busca de oportunidades de trabajo, autos antiguos y, en definitiva, toda clase de excusas que alimenten un espejismo: que tiene toda la vida por delante. (sigue en Verano 12)

lunes, agosto 06, 2012

Una novela subescrita

Resulta difícil hablar de un libro que no ponga al lector en ningún tipo de aprieto emotivo o sensorial. Parece innecesario escribir sobre un libro cuya sinopsis puede resultar impecable a la hora de ser vendido en una feria pero que en su ejecución, como sucede en muchos de los textos que circulan en el mercado literario internacional, termina siendo deficiente. De hecho sería redundante discurrir sobre una novela fallida –que no es necesariamente una novela mala– si el autor del libro no fuera Jorge Volpi, un estereotipo de escritor latinoamericano que  uno tendería creer está en extinción: diplomático, respetuoso de la alianza entre elite cultural y clase política que en la república de las bellas letras mexicanas sellaron Octavio Paz y Carlos Fuentes. (sigue en Nación Apache). 

viernes, junio 22, 2012

DAKOTA: Nueva Editorial, nuevo premio


1. Podrán participar en este concurso escritores y escritoras argentinos y argentinas o residentes en Argentina nacidos a partir del 1° de enero de 1980.
2. Las obras recibidas deben estar en idioma español.
3. No habrá límite mínimo ni máximo de extensión para los originales presentados.
4. Los originales podrán ser presentados en cualquiera de los siguientes formatos:
a) Impreso:
- Las páginas deben estar impresas en papel formato “carta” o “A4”, con 25 líneas por página, aproximadamente, en letra cuerpo 12. Deben estar claramente mecanografiadas a doble espacio, en una sola de sus caras y numeradas por carilla. La portada debe indicar el título de la obra, el seudónimo del participante y la leyenda “Premio Dakota”. Se entregará un ejemplar impreso y anillado o encarpetado, y una versión electrónica, en formato Word (.doc), grabada en un CD rotulado con el título de la novela y el seudónimo.
- El/la autor/a debe presentar también, junto con el original, un sobre cerrado con el título de la novela o su seudónimo en la parte exterior. Dentro deberá incluir una hoja donde consten los siguientes datos del/a participante: nombre y apellido, teléfono, correo electrónico y título de la obra presentada. Dicho sobre permanecerá cerrado, a excepción de los correspondientes a las obras premiadas.
- Los originales impresos podrán ser entregados personalmente en la siguiente dirección: Talcahuano 638, Ciudad de Buenos Aires, portería (planta baja), entre las 9.00 y las 19.00 horas. También podrán ser enviados por correo a Talcahuano 638, 4°G-H, Ciudad de Buenos Aires, Código Postal 1013. Se recibirá material desde el 20 de junio de 2012 hasta el 31 de agosto de 2012. En el caso de originales enviados por correo, se tomará en cuenta la fecha de envío indicada en el sello postal.
b) Digital:
- Haciendo click en la opción “Subir Obra”, al pie de este reglamento. Cada concursante deberá subir dos archivos de Word (.doc): (ACÁ, LAS BASES  COMPLETAS

viernes, mayo 25, 2012

Viajes iniciáticos


Desconocía el desamparo hasta que viajé a Cuba solo, a los dieciocho años, en pleno período especial. Me alojé en las afueras de La Habana, en una habitación que un conocido me había comentado se alquilaba. Las condiciones de vida eran muy duras y estaba a kilómetros de la ciudad. No sabía qué hacía ahí, en ese suburbio de la escasez.
Quería volverme. El paisaje no coincidía con la ciudad que había imaginado. En vez de volver, me trasladé a otra casa de familia, ahora en la ciudad. Me encontré más solo y aterido ante ese inefable mercado negro que subyacía en La Habana. La calle era un blanco móvil de vendedores ambulantes, niños, traficantes de todo tipo y mujeres ferozmente sensuales. (Sigue en Mundos íntimos, Clarin

sábado, mayo 19, 2012

Ciudades que escriben


Hay personajes que sólo pueden darse en ciertas ciudades, de la misma manera que algunas especies de plantas en determinados climas. No porque la ciudad sea una proyección de la psicología de un personaje o la cosmogonía urbana un molde para cierto pathos, como sucede con la Buenos Aires de Roberto Arlt o La Habana de Cabrera Infante, sino porque hay afecciones que en cierto entorno urbano se manifiestan, por no decir que explotan.
Tiendo a creer que muchas de las grandes novelas ubican al personaje en la ciudad justa, esto es, el territorio en que el héroe puede liberar una batalla compulsiva contra las miserias de la existencia o la alienación social. Es quizás un clisé de la literatura moderna agotado por Sartre en la París de la trilogía Los caminos de la libertad. El drama subjetivo de individuos abrumados por sobrevivir en una ciudad que es teatro de la enajenación burguesa y a la vez de uno de los movimientos intelectuales más potentes del siglo XX. Pero además hay ciudades que enmarcan la fatalidad histórica, como la Berlín de Alfred Döblin, o ciudades que son la materia ideal para hilvanar un fresco social contrahegemónico, como la Nueva York de John Dos Passos. (Sigue en el blog de Eterna Cadencia...)

viernes, mayo 11, 2012

Acerca del Diálogo latinoamericano en la Feria

En el contexto de un acontecimiento multitudinario como la feria, un diálogo viene a cubrir, de alguna manera, junto a la actividad de los sellos independientes, los blancos que quedan en la cultura libresca. Por eso un Diálogo Latinoamericano para cualquier feria es una apuesta. Puede articular preocupaciones y asuntos que exceden las convenciones editoriales, académicas y mediáticas. En Buenos Aires se desarrolló como un abanico de debates que, aunque no cuadraron en el repertorio de actividades promocionales típico, convocó una cantidad de público inusual. Como en la feria de Santiago, donde se originó y se llevó a cabo por primera vez, la necesidad de intercambiar puntos de vista produjo mesas de alto voltaje y salas muchas veces llenas. Además de once paneles, cada uno con su eje temático, hubo quince autores latinoamericanos invitados, entre ellos los chilenos Rafael Gumucio, Alejandro Zambra y Alejandra Costamagna, la mexicana Guadalupe Nettel, el uruguayo Ercole Lissardi y el puertorriqueño Eduardo Lalo, junto a otros tantos argentinos. Estos cruces confirmaron que en esta coyuntura excepcional para Latinoamérica, la literatura también puede encarnar una unidad heterogénea y potente. Es que entre muchísimos interrogantes abiertos algo quedó claro: que la lengua y la geografía esconden matices y diferencias que a falta de debate pueden disolverse detrás de generalizaciones. Deshacer la trama idiomática latinoamericana, desgranar el mito del Boom, modular la relación entre violencia y erotismo, aquilatar las experiencias urbanas y la exuberancia de nuestro paisaje, fueron algunos de los tantos desafíos o, podríamos decir, sueños realizados que dejó este Diálogo que sigue, como en una carrera de relevos, en la Feria de Lima. El eje de estas mesas y el entusiasmo que las acompañó fue, en definitiva, una señal de los cambios que la feria experimentó este año: dejó de ser un acontecimiento de carácter exclusivamente comercial para volverse una zona hospitalaria, de tránsito y reflexión para escritores contemporáneos.


Publicado en Página 12

sábado, abril 14, 2012

Primer secundario para travestis y trans

El sistema educativo argentino, como el de casi cualquier lugar del mundo, es binario y verticalista. Resiste la diversidad cultural y de género. Tiende a normalizar y no a potenciar la singularidad. La mayoría de las travestis y transexuales no pueden terminar sus estudios por una especie de discriminación etaria implícita. En este punto, el actual sistema educativo y la ley de identidad de género que tiene media sanción en el Congreso, no encajan. Con sus jerarquías, sus partes disciplinarios, toda la regulación que transforma a la escuela en una suerte de pre-reformatorio para ciudadanos seriales, el régimen de educación funciona como zona de entrenamiento para la supervivencia, para el hábito de la exclusión y el cultivo de un núcleo conspirativo: la sagrada familia, el machismo eufórico. No es que esté escrito en algún lado, pero en el aula se replica el mismo tipo de estigmatización, la misma mentalidad reaccionaria que identifica en el travesti y en el transexual una diferencia no deseada. (sigue en Perfil...)

domingo, abril 08, 2012

Maniobras ejemplares de seducción

Es sabido que Borges prefería elogiar a escritores de segunda línea. Raramente elogiaba en público a autores vivos, con los que además tenía que compartir premios –Beckett, por ejemplo–. El Borges de Bioy, una obra maestra de la injuria, retrata a un sibarita de la boutade, a un escritor evasivo a la hora de reconocer talento en un par, que sin embargo compensa esa falta de benevolencia gremial con oleadas de erudición.

En el extremo opuesto, Cortázar invirtió parte de su vida en la promoción de autores superlativos como Lezama Lima, y no atendió a autores menores o a profesionales de la adulación. Sus cartas dan testimonio de un hombre acorralado por su propia fascinación. Desde luego, la filantropía o la fascinación documentada no son relevantes a la hora de establecer un juicio de valor acerca de una obra. Son útiles para pensar la posición de un escritor frente a sus contemporáneos. (Sigue en Perfil Cultura)