domingo, junio 21, 2009
viernes, junio 19, 2009
El resplandor
martes, junio 02, 2009
LA COMUNIDAD INCONFESABLE
Revista Breve | Mensual
Numero 3 Junio | 2009
Textos, como partes de una totalidad perdida, que oscilan entre las 9 y las 99 palabras.
En este número
Editorial - ¿Por qué breves? (II)
Ficciones - Luisa Valenzuela, Minae Mizumura, Manuel Moyano, Javier Bermúdez.
Crítica - Lord Berners, El camello. Ana María Shua, Que tengas una vida interesante. Sergio Bizzio, Realidad. Milan Kundera, Un encuentro.
Ensayo - Will H. Corral: García Marketing, La biografía. Antonio Tello y La impostura del realismo. Eugenio Tiselli:La materia que somos. Marius Serra: Compte enrere.
Cine - Nella Escala sobre Le voyage du ballon rouge. Mateo Kesselman sobre Tulpan. Esteban Tabacznik sobre Z-32 o las limitaciones de la representación.
Música- Berta Díaz sobre Romancero Gitano. Diego Zúñiga sobre Matías Cena. Eduardo Varas sobre Melissa Auf Der Maur.
Nuevas tecnologías - Guadalupe Aguiar: (No)lugar como verbo.
Opinión - Julián Chappa, Leonardo Valencia, Oliverio Coelho, César Ramiro.
Poesía - Victor Rodríguez Núñez, Luis Fernando Jara, Andrés Neuman, Blanca Castellón.
Traducción - Sevda uzre de Metin Altiok. Versión de Selin Bitti y Eduardo Chirinos.
Directora
Magdalena Martínez R.
Secretario de redacción
César Vásconez Romero
redaccion@
Editores
Oliverio Coelho, Leonardo Valencia
Consejo asesor
Mark Axelrod, Will H. Corral, Luis Chitarroni, Norberto Chaves, Belén Gache, David Roas, Gonçalo M. Tavares, Eugenio Tisselli, Eduardo Varas, Enrique Vila-Matas, Juan Villoro.
La comunidad inconfesable también es accesible desde teléfonos celulares/móviles.
martes, mayo 12, 2009
La comunidad inconfesable / Mayo
LA COMUNIDAD INCONFESABLE
Revista Breve | Mensual
Numero 2 Mayo | 2009
Textos, como partes de una totalidad perdida, que oscilan entre las 9 y las 99 palabras.
En este número
Editorial: Por qué breves (I)
Ficciones: Albert Sánchez Piñol, Karlos Linazasoro, Lucho Zuñiga, Diego Muñoz Valenzuela.
Crítica: Daniel Sada, Casi nunca. Joseph O’Neill, Netherland - Aleksandar Hemon, The lazarus project. Andres Caicedo, Mi cuerpo es una celda. Ana Becciu, La visita y otros libros.
Ensayo: Herzog y el paraíso. David Roas y la esquiva naturaleza del microrrelato. Eugenio Tiselli Con un solo dedo. Iván Humanes Bespín y La zona.
Cine: Esteban Tabacznic sobre Raymond Depardon. Arturo Benavídez sobre Los 400 golpes.
Música: Eduardo Varas sobre Brian Wilson.
Nuevas tecnologías: Bacterias argentinas.
Opinión: Vicente Luis Mora, Leonardo Valencia, Oliverio Coelho, César Ramiro.
Poesía: Fabio Morábito, Catalina González, Lorenzo Helguero.
Traducción: Kenneth Koch por Luciano Piazza.
lunes, mayo 04, 2009
domingo, abril 19, 2009
Sobrantes *
De esa intensa humareda de poetas y nombres, pequeños sellos editoriales, lecturas, grupos, talleres, revistas, no puede decirse que haya emanado una estética uniforme, ni una figura rutilante, y mucho menos una tendencia poética. Más bien surgió un grupo de sobrevivientes de Boedo –Fabián Casas, Daniel Durand–, un ovni llamado Martín Rodríguez, y un dúo que quizás represente el cruce insuperable entre fibra conceptual, objetivismo aggiornado y sustancia coloquial: Martín Gambarotta y Alejandro Rubio. Este último publicó en el dos mil ocho Sobrantes (Gog y Magog), un libro memorable por su ironía, por los tironeos de la percepción y por ciertos ramalazos que confinan la experiencia amorosa a un momento de nostalgia: “Te ofrezco mi vaso como si fuera un corazón./Te ofrezco quinientos euros./ Te ofrezco noches en vela en un banco duro/frente a las puertas selladas de un consultorio externo./ La emoción perdura mientras se deshace/la sustancia pétrea de la discordia./ Te ofrezco jeroglíficos en polvo./Te ofrezco un castellano perfecto”. En la poesía de Rubio hay una efusión dura y mordaz que embosca al lector. Los guiños de época, las boutades certeras –nunca un paso en falso, nunca un sortilegio–, aislan el poema con una suficiencia que recuerda las fortalezas palmarias de Joseph Brodsky.
* Columna publicada en Inrockuptibles de abril.
jueves, abril 16, 2009
La comunidad inconfesable 1
Seremos breves. El exceso oculta a la palabra desnuda. Hacia ella vamos. Nuestras colaboraciones oscilarán entre nueve y noventa y nueve palabras. El resto será un enlace para “leer más”. Al marcarlo se llegará a una página vacía, quizá porque ya se ha dicho lo esencial. Es un discreto homenaje al cuento de Martínez Estrada, “Marta Riquelme”, por su línea final: Todo lo que sigue es sencillamente estupendo. Y, a continuación, nada. Sin embargo, clique siempre el enlace. Algún día esa palabra resonará, a lo mejor se extienda. Por ahora seremos breves. Esperamos no ser fugaces.
viernes, marzo 20, 2009
¿Dónde andará Dulce Veiga?
jueves, marzo 12, 2009
Demoliendo Buenos Aires
* Pagina 12, Radar Libros.
sábado, marzo 07, 2009
Las leyes de la literatura
Hace poco, en Argentina, una ola de nuevos narradores y otros no tan nuevos, involuntariamente le concedió a algunos críticos la oportunidad de actualizar sus discusiones. De la mano de una narrativa influenciada por Internet, los blogs, la crónica, la fusión de géneros, se acuñó el concepto sofisticado de literaturas "posautónomas". Según este concepto, la literatura podría no regirse ya por sus leyes internas, estaría perdiendo autorreferencialidad y podría obedecer a nuevos criterios de valoración para adecuarse al presente. Rápidamente, superada por el vértigo mediático, la novedad fue desplazada por una tendencia asociada a la anterior: una presunta literatura del yo.* hoy en el Suplemento Babelia, El pais.
jueves, febrero 26, 2009
viernes, enero 30, 2009
El futuro no es nuestro
El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana
Selección y prólogo de Diego Trelles Paz.
Autores: Oliverio Coelho y Samanta Schweblin (Argentina), Giovanna Rivero (Bolivia), Santiago Nazarian (Brasil), Juan Gabriel Vásquez y Antonio Ungar (Colombia), Ena Lucía Portela (Cuba), Lina Meruane y Andrea Jeftanovic (Chile), Ronald Flores (Guatemala), Tryno Maldonado y Antonio Ortuño (México), María del Carmen Pérez Cuadra (Nicaragua), Carlos Wynter Melo (Panamá), Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo (Perú), Yolanda Arroyo Pizarro (Puerto Rico), Ariadna Vásquez (República Dominicana), Ignacio Alcuri (Uruguay) y Slavko Zupcic (Venezuela).
sábado, enero 17, 2009
Madrid
Difícil encontrar en la literatura argentina un personaje tan desencantado como Madrid, el protagonista de la segunda novela de Daniel Krupa (1977). Se trata de un héroe pasivo, un orfebre de su propia locura y un cultor refinado de circunstancias sórdidas y milagrosamente reales. Madrid ha sobrevivido a la hecatombe amorosa. Ya al comienzo del libro padece una internación psiquiátrica, después de perder a su novia y cumplir un ritual erótico de expiación. Más adelante, ya de vuelta en el departamento, entre objetos e indicios que lo remiten a su amada, debe enfrentar a la sociedad desde la perspectiva de un solitario en busca de redención. Madrid, plano, mecánico en el presente continuo que elige el narrador, entonces emprende la tarea de sobrevivir en su hermetismo: come poco, omite la posibilidad de bañarse e ingiere con imbatible suficiencia su golosina de Rivotril. En definitiva, faceta involuntariamente cualidades de ermitaño. Como los protagonistas de las novelas de Juan Becerra, merodea y extrae de su soledad una savia silvestre y meditativa. El narrador, con una distancia a la vez glacial e intensa en su ironía, opaca a los personajes, los ciñe a la superficie de un punto de vista distante, para que en la narración episódica las anécdotas –fabulosos destellos de vidas que no son la de Madrid pero que de algún modo lo encandilan– fascinen al lector.
De a poco reconstruye su cotidianidad, vuelve a bañarse, desea, visita a su familia, emprende aventuras laborales poco exitosas pero bastante terapéuticas, como la escritura por encargo de la biografía de un afamado abogado. Sí, Madrid, amorosamente enfermo, parece rumbear hacia la redención en sus sesiones de escritura. En realidad alimenta a ese escritor en duelo que, a medida que pasan las páginas de la novela, codicia a otras mujeres y emerge del plano del presente continuo –una red admirablemente urdida por Krupa– victorioso o, quizás, sólo invicto.
* Reseña publicada en Inrockuptibles enero.
miércoles, diciembre 17, 2008
lunes, diciembre 01, 2008
lunes, noviembre 17, 2008
miércoles, noviembre 12, 2008
viernes, octubre 31, 2008
jueves, octubre 16, 2008
Terra nostra
Hay algo desalentador en las novelas que siguen a rajatablas las leyes de un género literario. En general, en los policiales el detective es un personaje estereotipado. Los recursos de la prosa también son estereotipados y nunca se pierden en descripciones o atmósferas que corroan los cimientos del policial clásico. Los diálogos suelen ser cansinos y los crímenes presentan una inocencia condescendiente: no salpican al lector, porque la realidad es mucho peor. Sin embargo, cada tanto, aparece un innovador que rompe con todas las convenciones. Leonardo Sciascia (1921-1989), autor de El caballero y la muerte, Todo modo y El contexto, entre otras novelas, corroe los cimientos con agudas percepciones políticas, con el armado argumental, y con la combinación hábil de varios puntos de vista.
El día de la lechuza está construida como una novela coral, caleidoscópica, donde distintas voces, diferentes eslabones del poder político, funcionan capas testimoniales y trazan la silueta de un enigma silenciado. El misterio del crimen con el que comienza la novela tiene una naturaleza política. Al amanecer, Salvatore Colasberna, a punto de subir al bus, es asesinado por un sicario. Todos los testigos se esfuman. El pequeño pueblo siciliano se transforma en una tumba. De un momento a otro, toda la población se mimetiza con la aridez del paisaje. En medio de esto, el septentrional capitán Bellodi, a cargo del caso, aunque da con pistas y reconstruye las causas del hecho, no puede deshacer la trama de influencias, intereses económicos, y dejar en suspenso esa alienación idiosincrásica, esa legalidad paralela, que en Sicilia involucra linajes y negocios sucios. Bellodi es un capitán con su propia ética, y en su confinamiento y sobre todo en su desorbitada subordinación al bien, recuerda al inolvidable protagonista de El desierto de los tártaros, Giovanni Drogo. El caso Colasberna, ficticio pero a la vez verídico, no es sólo la exploración de una trama mafiosa, sino la excusa para facetar un paisaje social donde el funcionamiento de clanes se confunde con algo todavía más primitivo y literario: una celosa servidumbre a la tierra.
