martes, junio 02, 2009

LA COMUNIDAD INCONFESABLE

Revista Breve | Mensual

Numero 3 Junio | 2009

Textos, como partes de una totalidad perdida, que oscilan entre las 9 y las 99 palabras.

www.comunidadinconfesable.com

En este número

Editorial - ¿Por qué breves? (II)

Ficciones - Luisa Valenzuela, Minae Mizumura, Manuel Moyano, Javier Bermúdez.

Crítica - Lord Berners, El camello. Ana María Shua, Que tengas una vida interesante. Sergio Bizzio, Realidad. Milan Kundera, Un encuentro.

Ensayo - Will H. Corral: García Marketing, La biografía. Antonio Tello y La impostura del realismo. Eugenio Tiselli:La materia que somos. Marius Serra: Compte enrere.

Cine - Nella Escala sobre Le voyage du ballon rouge. Mateo Kesselman sobre Tulpan. Esteban Tabacznik sobre Z-32 o las limitaciones de la representación.

Música- Berta Díaz sobre Romancero Gitano. Diego Zúñiga sobre Matías Cena. Eduardo Varas sobre Melissa Auf Der Maur.

Nuevas tecnologías - Guadalupe Aguiar: (No)lugar como verbo.

Opinión - Julián Chappa, Leonardo Valencia, Oliverio Coelho, César Ramiro.

Poesía - Victor Rodríguez Núñez, Luis Fernando Jara, Andrés Neuman, Blanca Castellón.

Traducción - Sevda uzre de Metin Altiok. Versión de Selin Bitti y Eduardo Chirinos.

Directora

Magdalena Martínez R.

mmr@comunidadinconfesable.com

Secretario de redacción

César Vásconez Romero

redaccion@comunidadinconfesable.com

Editores

Oliverio Coelho, Leonardo Valencia

Consejo asesor

Mark Axelrod, Will H. Corral, Luis Chitarroni, Norberto Chaves, Belén Gache, David Roas, Gonçalo M. Tavares, Eugenio Tisselli, Eduardo Varas, Enrique Vila-Matas, Juan Villoro.

La comunidad inconfesable también es accesible desde teléfonos celulares/móviles.

martes, mayo 12, 2009

La comunidad inconfesable / Mayo

LA COMUNIDAD INCONFESABLE

Revista Breve | Mensual

Numero 2 Mayo | 2009


www.comunidadinconfesable.com

Textos, como partes de una totalidad perdida, que oscilan entre las 9 y las 99 palabras.

En este número

Editorial: Por qué breves (I)

Ficciones: Albert Sánchez Piñol, Karlos Linazasoro, Lucho Zuñiga, Diego Muñoz Valenzuela.

Crítica: Daniel Sada, Casi nunca. Joseph O’Neill, Netherland - Aleksandar Hemon, The lazarus project. Andres Caicedo, Mi cuerpo es una celda. Ana Becciu, La visita y otros libros.

Ensayo: Herzog y el paraíso. David Roas y la esquiva naturaleza del microrrelato. Eugenio Tiselli Con un solo dedo. Iván Humanes Bespín y La zona.

Cine: Esteban Tabacznic sobre Raymond Depardon. Arturo Benavídez sobre Los 400 golpes.

Música: Eduardo Varas sobre Brian Wilson.

Nuevas tecnologías: Bacterias argentinas.

Opinión: Vicente Luis Mora, Leonardo Valencia, Oliverio Coelho, César Ramiro.

Poesía: Fabio Morábito, Catalina González, Lorenzo Helguero.

Traducción: Kenneth Koch por Luciano Piazza.


Novela breve on line

Márfil, breviario de un cineasta.

domingo, abril 19, 2009

Sobrantes *

De la poesía de los noventa puede escribirse mucho, casi cualquier cosa. Algo ocurrió. No en una generación –las generaciones sólo existen a destajo–, sino en el modo en que el verso se desembarazó de cualquier tipo de lirismo actuado y contractual, y organizó una oralidad para conferirle una nueva materia al poema. Quizás los Lamborghini, Perlongher y Zelarrayán, hayan contribuido en gran medida a que en los noventa se escribiera desde cero.
De esa intensa humareda de poetas y nombres, pequeños sellos editoriales, lecturas, grupos, talleres, revistas, no puede decirse que haya emanado una estética uniforme, ni una figura rutilante, y mucho menos una tendencia poética. Más bien surgió un grupo de sobrevivientes de Boedo –Fabián Casas, Daniel Durand–, un ovni llamado Martín Rodríguez, y un dúo que quizás represente el cruce insuperable entre fibra conceptual, objetivismo aggiornado y sustancia coloquial: Martín Gambarotta y Alejandro Rubio. Este último publicó en el dos mil ocho Sobrantes (Gog y Magog), un libro memorable por su ironía, por los tironeos de la percepción y por ciertos ramalazos que confinan la experiencia amorosa a un momento de nostalgia: “Te ofrezco mi vaso como si fuera un corazón./Te ofrezco quinientos euros./ Te ofrezco noches en vela en un banco duro/frente a las puertas selladas de un consultorio externo./ La emoción perdura mientras se deshace/la sustancia pétrea de la discordia./ Te ofrezco jeroglíficos en polvo./Te ofrezco un castellano perfecto”. En la poesía de Rubio hay una efusión dura y mordaz que embosca al lector. Los guiños de época, las boutades certeras –nunca un paso en falso, nunca un sortilegio–, aislan el poema con una suficiencia que recuerda las fortalezas palmarias de Joseph Brodsky.

* Columna publicada en Inrockuptibles de abril.

viernes, marzo 20, 2009

¿Dónde andará Dulce Veiga?

Según rumores, Caio Fernando Abreu (1948-1996) es uno de los escritores brasileños más notables. “¿Donde andará Dulce Veiga?”, es la primera obra suya que se publica en castellano. Novela híbrida, policial punk, relato apocalíptico, llega en diferido y traslada al lector a un instante vital y a un lugar: el del afecto, las drogas, el alcohol, la soledad continua, los rituales afrobrasileños, la bohemia, la juventud dark, San Pablo, los ochenta. Repleta de marcas de época, fechas y personajes, la prosa de Caio Abreu se caracteriza por todo lo que logra reunir y compactar en su estilo urgente, repleto de boutades, precisiones e imprecisiones, descripciones mordaces y hasta crónicas periodísticas. (Sigue en Nación Apache).

viernes, enero 30, 2009

El futuro no es nuestro




El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana
Selección y prólogo de Diego Trelles Paz.

Autores: Oliverio Coelho y Samanta Schweblin (Argentina), Giovanna Rivero (Bolivia), Santiago Nazarian (Brasil), Juan Gabriel Vásquez y Antonio Ungar (Colombia), Ena Lucía Portela (Cuba), Lina Meruane y Andrea Jeftanovic (Chile), Ronald Flores (Guatemala), Tryno Maldonado y Antonio Ortuño (México), María del Carmen Pérez Cuadra (Nicaragua), Carlos Wynter Melo (Panamá), Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo (Perú), Yolanda Arroyo Pizarro (Puerto Rico), Ariadna Vásquez (República Dominicana), Ignacio Alcuri (Uruguay) y Slavko Zupcic (Venezuela).

sábado, enero 17, 2009

Madrid

Sobre Madrid, de Daniel Krupa, Santiago Arcos editor,

Difícil encontrar en la literatura argentina un personaje tan desencantado como Madrid, el protagonista de la segunda novela de Daniel Krupa (1977). Se trata de un héroe pasivo, un orfebre de su propia locura y un cultor refinado de circunstancias sórdidas y milagrosamente reales. Madrid ha sobrevivido a la hecatombe amorosa. Ya al comienzo del libro padece una internación psiquiátrica, después de perder a su novia y cumplir un ritual erótico de expiación. Más adelante, ya de vuelta en el departamento, entre objetos e indicios que lo remiten a su amada, debe enfrentar a la sociedad desde la perspectiva de un solitario en busca de redención. Madrid, plano, mecánico en el presente continuo que elige el narrador, entonces emprende la tarea de sobrevivir en su hermetismo: come poco, omite la posibilidad de bañarse e ingiere con imbatible suficiencia su golosina de Rivotril. En definitiva, faceta involuntariamente cualidades de ermitaño. Como los protagonistas de las novelas de Juan Becerra, merodea y extrae de su soledad una savia silvestre y meditativa. El narrador, con una distancia a la vez glacial e intensa en su ironía, opaca a los personajes, los ciñe a la superficie de un punto de vista distante, para que en la narración episódica las anécdotas –fabulosos destellos de vidas que no son la de Madrid pero que de algún modo lo encandilan– fascinen al lector.
De a poco reconstruye su cotidianidad, vuelve a bañarse, desea, visita a su familia, emprende aventuras laborales poco exitosas pero bastante terapéuticas, como la escritura por encargo de la biografía de un afamado abogado. Sí, Madrid, amorosamente enfermo, parece rumbear hacia la redención en sus sesiones de escritura. En realidad alimenta a ese escritor en duelo que, a medida que pasan las páginas de la novela, codicia a otras mujeres y emerge del plano del presente continuo –una red admirablemente urdida por Krupa– victorioso o, quizás, sólo invicto.

* Reseña publicada en Inrockuptibles enero.

jueves, octubre 16, 2008

Terra nostra

Sobre "El día de la Lechuza", Leonardo Sciascia, Tusquets, 2008, 148 páginas.

Hay algo desalentador en las novelas que siguen a rajatablas las leyes de un género literario. En general, en los policiales el detective es un personaje estereotipado. Los recursos de la prosa también son estereotipados y nunca se pierden en descripciones o atmósferas que corroan los cimientos del policial clásico. Los diálogos suelen ser cansinos y los crímenes presentan una inocencia condescendiente: no salpican al lector, porque la realidad es mucho peor. Sin embargo, cada tanto, aparece un innovador que rompe con todas las convenciones. Leonardo Sciascia (1921-1989), autor de El caballero y la muerte, Todo modo y El contexto, entre otras novelas, corroe los cimientos con agudas percepciones políticas, con el armado argumental, y con la combinación hábil de varios puntos de vista.
El día de la lechuza está construida como una novela coral, caleidoscópica, donde distintas voces, diferentes eslabones del poder político, funcionan capas testimoniales y trazan la silueta de un enigma silenciado. El misterio del crimen con el que comienza la novela tiene una naturaleza política. Al amanecer, Salvatore Colasberna, a punto de subir al bus, es asesinado por un sicario. Todos los testigos se esfuman. El pequeño pueblo siciliano se transforma en una tumba. De un momento a otro, toda la población se mimetiza con la aridez del paisaje. En medio de esto, el septentrional capitán Bellodi, a cargo del caso, aunque da con pistas y reconstruye las causas del hecho, no puede deshacer la trama de influencias, intereses económicos, y dejar en suspenso esa alienación idiosincrásica, esa legalidad paralela, que en Sicilia involucra linajes y negocios sucios. Bellodi es un capitán con su propia ética, y en su confinamiento y sobre todo en su desorbitada subordinación al bien, recuerda al inolvidable protagonista de El desierto de los tártaros, Giovanni Drogo. El caso Colasberna, ficticio pero a la vez verídico, no es sólo la exploración de una trama mafiosa, sino la excusa para facetar un paisaje social donde el funcionamiento de clanes se confunde con algo todavía más primitivo y literario: una celosa servidumbre a la tierra.