{Simetrías cicatrices}
Cuatro años atrás, en una tarde gris, pasé por la casa de mi padre para ver el partido por octavos de final de la selección argentina. En aquel mundial de Alemania, mi padre había recuperado el entusiasmo por la selección, después de dieciséis años, y había declinado su escepticismo militante respecto al futuro del jogo bonito en su versión criolla. Según él, nuestra época de oro había pasado, y la selección, como todos los equipos del fútbol local, no daba la talla de las viejas glorias que él recordaba haber visto jugar –desde Labruna y Distéfano, a Bochini y Maradona–. “Parece que ahora están jugando bien”, admitió entonces, contrariado y a la vez seducido por la posibilidad de abandonar su escepticismo ante la aparición de Messi y Tévez. (sigue en el blog Papeles perdidos...)
miércoles, junio 23, 2010
{Que vivan los frágiles}
De no haber sido por el fútbol, en mi infancia no habría hecho amigos. El fútbol representó, para el niño introvertido que era, un momento inicial de desinhibición y lealtad: el momento en el que se gana una lengua en un espacio baldío. Esa lengua ajena a la familia y a las instituciones es la amistad. (sigue en el bl0og de Babelia...)
martes, junio 22, 2010
{El mediador}
Me niego a hacer el cálculo de las horas de fútbol que llevo, pero creo que he visto el ochenta por ciento de los partidos de este Mundial, y comienzo a sentir los efectos secundarios de la enajenación televisiva. Lamentablemente recién ahora, después de doce años, tengo de nuevo televisión, justo cuando el fútbol de elite es una práctica demasiado táctica, en la que cada jugador tiene una especialización. Este fútbol tedioso se parece cada vez más a un ajedrez de espacios reducidos, defensas cerradas, asfixia de las piezas del rival. El espacio explosivo de la combinación y la fantasía ha quedado relegado, porque ganar es secundario: la estrategia para un ajedrecista posicional –Karpov, por nombrar al mayor exponente– consiste en jugar limitando al rival hasta que este cometa un error, para ganar la calidad –o la mínima diferencia–. (sigue en el blog de Babelia).
jueves, junio 17, 2010
{Triángulo amoroso}
Buenos Aires amaneció con mucho frío y sol. En varias plazas se veía a gente abrigadísima, como si estuviera en Sudáfrica, tendida en el pasto, con mate y bizcochitos. Para mí fue demasiado tempranero ese picnic invernal y preferí ver al público de Buenos Aires y al de Johannesburgo desde mi casa, encerrado en mi escritorio, con mi mate y con el malhumor que en cualquiera produce acostarse tarde y levantarse muy temprano. (sigue en el blog de Babelia...)
{Lisboa}
Como una ópera, distribuida en actos y con picos de fatalidad y mesetas reflexivas, Lisboa. Un melodrama tiene un epicentro: una única y calidoscópica noche de 1942. En ese día, en plena Segunda Guerra, con Argentina y Portugal dirimiendo su neutralidad, Leopoldo Brizuela exponencia un universo repleto de matices, velocidades, voces y anécdotas entrañables fundadas en dos mitologías fronterizas: la del fado y la del tango. Además de reproducir a escala las tensiones de una Europa en crisis, descifra e inventa con total libertad rastros de una Argentina perdida, fantasmagorías de época y linajes aturdidos, con una precisión y una ambición que pocas novelas tienen, hoy en día, de este lado del Atlántico. (sigue en Inrockuptibles libros).
{Ruido de fondo}
“Es muy pintoresco el público de acá, pero con esas cornetitas es muy difícil jugar”, se le escuchó decir a Tabárez, el técnico de Uruguay. Cada pueblo tiene sus rituales en la cancha. A un argentino le resulta inexplicable que en México las hinchadas rivales puedan mezclarse en las tribunas y convivir pacíficamente mientras toman litros de Corona. Habrá que buscar en tradiciones antiguas la predilección de los simpatizantes sudafricanos por esas trompetas alargadas que, si bien en las canchas argentinas todavía existen, suenan de manera aislada, cuando los equipos entran, mientras cae una la lluvia de papelitos, serpentinas y tres tiros. Quizás a un sudafricano instalado en una popular durante un River Boca, pueda resultarle igual de insufrible la cortina de cánticos, los saltos frenéticos y las avalanchas ante cada situación de gol.(sigue en el blog de Babelia...)
sábado, junio 12, 2010
{La mínima diferencia}
A las diez y media las calles de Buenos Aires empiezan a despoblarse. Con mi mujer salimos de nuestra casita en Boedo. Se percibe apuro y ensimismamiento en la gente que busca un lugar o un refugio para ver el partido. En la ciudad el frío es polar, llovizna, así que en vez de caminar subimos al auto, cada día más parecido al troncomóvil de Los picapiedra. Por suerte arranca y enseguida llegamos a un Cinemark, malhumorados: el clima no puede ser tan malo y el cielo no puede ser tan gris. ¿Será una señal de que Dios no está hoy con Maradona? (sigue en el blog de Babelia...)
viernes, junio 11, 2010
{Los ocho jinetes del apocalipsis}
Con el paso de los días y las lesiones, la albiceleste empieza a aparecer como candidata. Los periodistas locales no dejan de repetirlo y subrayar el contrasentido: acá nadie se ilusiona demasiado con este equipo de Maradona, aunque a esta altura se especula con que llega mejor que otras selecciones, gracias al tiempo de concentración y a la ausencia de bajas. Recién mañana se sabrá si esas dos semanas en Pretoria, sin amistosos, terminaron de unir al grupo y consolidaron el juego colectivo que la selección no encuentra desde la era Pekerman (sigue en el blog de Babelia...).
martes, junio 08, 2010
{El líder y la manada}
El primer mundial que recuerdo es el del 86. Tenía nueve años. Estaba lejos de apreciar el fútbol como un arte. El equipo de Bilardo, al igual que el de Maradona hoy, había llegado a clasificarse a los tumbos, con un gol agónico de Gareca frente a Perú –un gol tan milagroso como el de Palermo, también ante Perú–. En cada mundial, desde entonces, lo que se pone en juego en Argentina, además de un negocio incalculable, es el tamaño del orgullo nacional, la esperanza de millones de personas para las cuales ser campeón equivale a disputar por un tiempo la hegemonía –no sólo futbolística- de Brasil.(sigue en Babelia, Papeles pérdidos).viernes, junio 04, 2010



